África, es decir, el área subsahariana no es un continente
favorecido por la prensa internacional. Quizás su mejor momento fue en los años
en que los imperios europeos – con la excepción de Portugal – fueron cediendo
sus posesiones africanas en el llamado proceso de descolonización, a fines de
los 50 y durante los 60 de pasado siglo.
Para muchos fue el descubrimiento de naciones y líderes hasta
entonces desconocidos. De la noche a la
mañana el gran público supo de la existencia de hombres como Kwame Nkrumah,
Sékou Touré, Modibo Keita, Eduardo Mondlane, o la odisea de Patricio Lumumba,
víctima de la traición en contubernio con las potencias occidentales.
Aún quedaban pendientes los países del viejo y decadente
imperio portugués. A los anteriores, se sumaron otros líderes al escenario
mediático, como Agostinho Neto, Amílcar Cabral o Samora Machel.
Otros nombres más se agregaban como pioneros del
reconocimiento de las culturas africanas y el odio al racismo, que encontró un
único asidero en la República de África del Sur y en Rodhesia del Sur, en la
conocida forma del apartheid.
En particular, las independencias reivindicaron la historia
nunca antes estudiada de los imperios africanos, así como la dignificación de
sus etnias por poetas como Léopold Senghor y el caribeño Aimée Césaire. Franz
Fanon, psiquiatra martiniqués fallecido en 1961, fue ampliamente leído, en
busca de la no estudiada sumisión cultural que asumía el colonizado frente a su
metrópolis, y sus consecuencias.
Hubo entonces un acercamiento intenso a este continente poco
conocido, a pesar de ser, incluyendo ahora su zona norte, árabe, el tercero más
extenso del planeta y habitado hoy por unos mil trescientos millones de
personas.
A la frecuente presencia en los medios del continente sucedió
otra, en la que África subsahariana cayó en un olvido solo interrumpido por los
estudiosos de su historia y su política, y por los acontecimientos inolvidables,
y generalmente sangrientos, que ocurrían en sus más de 50 estados.
El ejemplo más cercano ha sido el golpe de Estado en Guinea
Conakry. Sin los necesarios análisis,
conocimos los hechos ocurridos, sin mayores comentarios y sin mayores
antecedentes. Muchos habrán acudido al mapa para saber dónde está Conakry y
otros a Wikipedia para enterarse de la historia de ese país. Quizás aprendan
que, a pesar de su final inconsecuente, Sékou Touré, su primer presidente, es
sin duda uno de los patricios de las independencias africanas.
Alpha
Condé, que gobernaba con mano de hierro el país desde hacía once años, se
convirtió en víctima, y el jefe del movimiento golpista, el teniente coronel Mamady Doumbouya, en su victimario. No hubo grandes
detalles. Algunas reacciones internacionales. Y nuevamente Guinea Conakry, y
con ella África subsahariana, se hundieron en el olvido mediático.
Debo hacer la excepción de Cuba, donde la cultura del continente
y los descendientes de su población, forman parte de nuestra misma nacionalidad,
y donde la historia solidaria es compartida por miles de cubanos que han
prestado allí importantes servicios, médicos y militares, en particular los
combatientes que defendieron la independencia de Angola y pusieron en jaque al
apartheid sudafricano.
Hoy, se trata de un subcontinente económicamente vinculado a la
Unión Europea y reunidos, por homologuismo, con la Unión Africana, que tomó la
ruta inicialmente emprendida por el panafricanismo.
Un subcontinente riquísimo en casi todos los recursos naturales
y minerales conocidos, cuya enumeración hace extenso el comentario, pero que
vale la pena referir brevemente: oro, bauxita, cromo, cobre, cobalto, hierro,
litio, manganeso, fosfato, platino, estaño, tántalo, uranio.
Un continente rico,
repleto de gente pobre. Con sus recursos naturales bajo tierra, sin otra
posibilidad de extracción que mediante la inversión extranjera.
2.
Las inversiones de China se han expandido vigorosamente por el
continente en las últimas décadas. Y África
es un enorme reservorio de materias primas para la expansión de su economía.
Hace ya años que China desplazó a Estados Unidos como socio
económico principal. En realidad,
Estados Unidos también se alejó de África, y su presencia allí, luego del
escandaloso final de su aventura en Somalia a inicios de la década del 90 –
todos hemos visto la película Black Hawk, buena muestra del desastre -, se ha
dirigido a las acciones contra el terrorismo.
Enseguida hablaremos de esto.
China tuvo una importante influencia en la ideología y en la
lucha armada de los movimientos de liberación nacional africanos. Solo distaba
una década del triunfo de la revolución china y, aunque compartida con otros
países, y muchas veces en competencia con la Unión Soviética, los chinos de
entonces suministraron armamento a sus luchas y ejercieron una influencia que
en ocasiones resultó negativa, que creó divisiones de envergadura en
movimientos que lo que requerían entonces era unidad.
Pero desde el año 2000 la nueva China, que, aunque extensa no
tiene en su territorio los recursos naturales que requiere, hizo un regreso
espectacular al continente. Pablo Morán,
en el sitio web el ordenmundial.com lo describe:
“Con la entrada de los 2000 el
modesto comercio sino-africano se disparó, coincidiendo con la entrada de China
en la Organización Mundial del Comercio. Para 2009, China ya era el primer socio comercial de África, desbancando a Estados Unidos. En cuanto a materias
primas, China se ha convertido en el mayor importador de
petróleo del mundo, y parte del mismo lo importa, por
ejemplo, de Sudán y de Angola. Alternativamente, también se abastece de uranio para su
energía, para lo cual se sirve de Namibia y Níger. Otros recursos africanos —el hierro, el cobre, el zinc,
etcétera—, provenientes de distintos países, también han sido esenciales para
mantener el buen desempeño del sector secundario chino. Y en plena carrera
tecnológica, China se nutre del cobalto
y el coltán de la República Democrática del Congo.”
En su evolución, la
fuerza de trabajo china se ha ido encareciendo y su consumo crece. Por esto,
añade el analista, “para satisfacer el incremento de esta demanda, que cada vez
es más sofisticada, se vuelven a necesitar más materias primas, más energía,
más alimentos y más servicios. En este panorama, África tiene, de nuevo, un rol
muy importante que jugar. En primer lugar, como proveedor de materias primas,
incluyendo comida, para las nuevas necesidades en el mercado chino. Y en
segundo, al ofrecer al gigante asiático no solo una cantidad ingente de mano de
obra barata de la que ya no dispone en abundancia, sino también un mercado al
alza de potenciales consumidores y oportunidades de negocio”.
La Unión Soviética también se había destacado
en su apoyo a los movimientos anticoloniales y a varios de los gobiernos
surgidos luego de las independencias. Recogiendo su legado, Rusia también
experimenta un regreso al continente, aun modesto, en sus relaciones económicas
y en el aprovisionamiento de armas, asesores militares y de seguridad y en el
sector minero, donde cuenta con firmas de capacidad reconocida.
¿Y Estados Unidos?
Luego del relativo desentendimiento
económico de esta nación, los africanos esperaron que un presidente negro, de
origen keniano, como Barack Obama, favorecería el incremento de la
participación de la nación norteamericana en la economía del continente. Pero
su acción no fue más allá de una cumbre EEUU África, en el 2014.
Donald Trump dijo al
llegar a la Casa Blanca a un grupo de dirigentes africanos: “África tiene un
tremendo potencial para los negocios.
Tengo tantos amigos yendo a sus países, tratando de obtener
riquezas. Los felicito. Ellos están gastando una gran cantidad de
dinero”.
Pero no sucedió nada
más. Sin embargo, el panorama en el
sector militar es diferente:
Nick Turse, uno de los editores principales del sitio
Tomdispatch, quien ha seguido el tema durante varios años, explica que la cifra
de militares estadounidenses en África oscilaría entre 5 000 y 8 000 soldados,
en dependencia de las misiones de cada momento, en alrededor de 50 países
africanos.
Y su presencia, además de la gran base de Djibouti, según un
dato no actualizado, alcanza las 46 locaciones desde las cuales las fuerzas
estadounidenses operan, en conjunto con tropas locales - o no -, por medios
convencionales o guiando drones, desde los más variados puntos del continente.
Son en su mayoría Fuerzas de Operaciones Especiales,
incluidos los Navy SEAL, los Boinas Verdes del Ejército y los Marine Corps
Raiders. Se especializan en contraterrorismo, contrainsurgencia y redadas de
combate de "acción directa", entre otras misiones. Sus operaciones
están envueltas en el secreto.
Aunque los comandos estadounidenses operan en el continente
africano con el acuerdo de los gobiernos anfitriones, a los africanos comunes
rara vez se les informa sobre el alcance total de las actividades
estadounidenses. Incluso la información básica, como el alcance de los
despliegues de las tropas estadounidenses de élite y el combate clandestino de
los comandos estadounidenses en el continente, en su mayoría tampoco se informa.
Es muy probable que en el futuro la dinámica económica china
se traduzca en desarrollo y en mejores indicadores económicos. En ciudades más
prósperas. Pero quien conoce algo de África sabe que junto con esa apariencia
de progreso habrá un formidable incremento de la desigualdad, entre pequeñas
élites enriquecidas, y enormes masas de población en condiciones primitivas.
Una desigualdad como quizás no se ha visto nunca en el mundo.
14/10/21
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