Durante esta semana deben reiniciarse en Viena, las nuevas
conversaciones entre Irán y el llamado grupo 5 más 1, es decir, los miembros
permanentes del Consejo de Seguridad (Francia, Estados Unidos, Rusia, China y Reino
Unido, más Alemania), para reformular el tratado sobre el programa nuclear que
se aprobó en el 2015.
En esta ocasión, Estados Unidos participará de forma aislada,
en otra sala, ya que como todos sabemos, el presidente Donald Trump abjuró de
aquel tratado y lo sustituyó por una amplia panoplia de sanciones contra el
país persa.
Todos sabían que era un error, y todos saben que Trump no
hizo más que satisfacer las ambiciones israelíes y sauditas, para los cuales
cualquier perspectiva de desarrollo del programa nuclear iraní, es inadmisible.
Sin embargo, aquel tratado de hace seis años tenía más
ventajas que peligros para lo que pedían los negociadores.
Irán también obtenía, a pesar de las presiones, un resultado
satisfactorio.
Ciertamente, Irán acordaba eliminar sus reservas de uranio
enriquecido medio, disminuir sus reservas de uranio enriquecido bajo en 98% y
reducir en dos tercios sus centrifugadoras de gas durante trece años. A lo
largo de los quince años siguientes, Irán solo enriquecería uranio hasta 3,67%.
Otras instalaciones serían transformadas para evitar los riesgos de la
proliferación nuclear.
Pero no olvidemos que Irán siempre ha proclamado que su
programa nuclear tiene solamente objetivos de uso pacífico. El marco aprobado, que duraría quince años,
sería limitante, pero aceptable para sus necesidades durante ese tiempo.
En definitiva, Irán cuenta con importantes recursos naturales
– es la cuarta reserva mundial de petróleo y la primera de gas, y en el
subsuelo hay uranio, oro y otros minerales estratégicos. Su industria es muy desarrollada y sus
niveles educacionales muy altos.
A cambio, logró que se eliminaran las opresivas sanciones que
pesaban contra su desarrollo y su desempeño económico.
Y el éxito de aquellas negociaciones le suministró otro
rédito: un mayor espacio político internacional.
Porque el acuerdo también supuso que, a cambio, el fantasma
bélico en su contra desapareciera, al perder su razón de ser, y las inversiones
armamentistas de sus vecinos también. De paso, su disposición al diálogo y los
resultados en él obtenidos lo desmarcaron de cualquier acusación de promoción
del terrorismo.
La antiquísima diplomacia persa logró casi todo lo que
necesitaba frente a aquellas seis potencias mundiales.
Pero – son los Estados Unidos – llegó la presidencia de
Donald Trump y todo lo alcanzado en aquellas memorables negociaciones, se vino
al piso.
Al retomarse las actuales, habían pasado dos cosas: de un lado,
Irán había perdido la confianza en algunos miembros de su contraparte y ahora
pedía que lo que se acordara, de algún modo, no pudiera ser modificado por los
próximos presidentes, y las sanciones debían ser levantadas. Y de otra, Irán no
se hubiera sentido comprometido por el acuerdo del 2015 y había continuado su
desarrollo nuclear más allá de los límites que el acuerdo establecía.
Y con estas nuevas cartas sobre la mesa, se iniciaron las
nuevas conversaciones la pasada semana, sin que se pudiera avanzar, al menos
públicamente. Como quiera que en ellas
reina el principio de que no hay nada acordado hasta que todo esté acordado, el
pasado viernes las delegaciones regresaron a sus casas para las consiguientes
reconsideraciones.
Hay que esperar. Todas
las negociaciones en el mundo comienzan más o menos así. Y nadie sabe el camino
que tomarán. En este caso, debe ser el del imperio de la justicia internacional
y el respeto entre las naciones negociantes.
Y ante este curso ¿cómo quedan quienes echaron por la borda
los acuerdos del 2015? Lo veremos en un segundo momento.
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Ahora quienes defendieron los acuerdos nucleares con Irán
adoptados en el 2015, de cara a las nuevas discusiones, señalan el disparate
que resultó la retirada de ellos en toda la línea por parte de la presidencia
de Donald Trump y su secretario de Estado Mike Pompeo.
Para el veterano periodista de The New York Times Thomas Friedman, buen conocedor de la política
regional, aquella decisión fue una de las más tontas, peor pensadas y
contraproducentes de la mayoría de las decisiones de seguridad nacional
estadounidenses de la era posterior a la Guerra Fría.
Y peor. El propio Moshe Ya’alon, ministro de defensa israelí
en los momentos de adopción del acuerdo del 2015, al cual se opuso con
vehemencia, " la decisión de Trump de retirarse, con el aliento de
Netanyahu, por muy malo que fuera el acuerdo, fue aún peor". Ya'alon lo
llamó "el principal error de la última década" en la política hacia
Irán.
Por su parte, el teniente general Gadi Eisenkot, quien era el
principal comandante militar de Israel cuando Trump se retiró del acuerdo,
expresó un sentimiento similar, en términos que el diario Haaretz caracterizó
como "una neta negativa para Israel: liberó a Irán de todas las
restricciones y llevó su programa nuclear a una posición mucho más avanzada
".
Según este criterio, si antes Irán se había comprometido a no
fabricar un arma nuclear en 15 años, ahora si quisiera hacerlo, el tiempo se
reduciría a semanas para tener suficiente material fisionable, cuando antes era
de un año y un año y medio o dos años en fabricar una ojiva nuclear.
Pero Estados Unidos , léanse Trump y Pompeo, pidieron mucho
más.
Fue tanto que Irán, justamente, comprendió que nunca
cumplirían con la retirada de las sanciones, y, por lo tanto, negociaron con
China la venta al gran país asiático de medio millón de barriles diarios de
petróleo. Y a sus científicos les aflojaron las riendas y les quitaron el
límite de enriquecimiento de uranio.
Y Trump no bombardeó a Irán ni tomó parte en los eventos militares
entre Irán y las instalaciones petroleras sauditas. Y Trump y Pompeo, dice el
periodista citado, no tenían un plan B para la resistencia iraní.
La administración Biden recibió el regalo envenenado con poco
espacio para maniobrar. Lo sensato hubiera sido intentar regresar al punto en
que lo dejó la presidencia de Obama.
Pero prevaleció su desesperada retirada de Afganistán y su evidente
deseo de no enredarse en complicaciones en Oriente Medio, lo cual debilitó su
posición negociadora. En lugar de reconocer el error y levantar las sanciones,
se ha dedicado a discusiones de procedimiento con los iraníes y hasta hoy,
parece atascado.
En el fondo, Biden teme a una escalada militar en el Oriente
Medio que dispare los precios de la gasolina, lo cual le puede costar los votos
que tanto necesita el Partido Demócrata en las elecciones parlamentarias del
año próximo.
Israel no habla. En realidad, su momento pasó y de cualquier
manera sabe que en Viena siempre perderá, aunque el acuerdo al que se llegue no
cumpla grandes expectativas. Su momento
de supuesta gloria se fue junto a Donald Trump, y estas negociaciones son, en
cualquier variante, un negro presagio para sus intereses regionales.
Sus posibilidades bélicas son escasas y traerían
consecuencias inimaginables. Sus mandos militares han hablado en varias
ocasiones de la preparación de planes para bombardear las instalaciones
nucleares iraníes
Pero otros han advertido que este caso no sería como los
bombardeos a instalaciones supuestamente dedicadas al desarrollo nuclear
realizadas en el pasado en Iraq y en Siria, una sola en cada uno de estos
países.
Las instalaciones de desarrollo nuclear iraníes suman más de
doscientas, y están distribuidas por todo su vasto territorio.
Las fundamentales se encuentran bajo tierra, a profundidades
a las que las capacidades militares sionistas no alcanzarían. Solo la superbomba GBU-57 de veinte mil
libras, de Estados Unidos, podría hacerlo, y tanto su uso por los israelíes,
como el préstamo o la venta del avión capaz de transportarla, es decir, un B52,
un B1 o un B2, le han sido vetados.
Agréguese que las defensas antiaéreas iraníes se han
desarrollado y que los israelíes no tienen ni idea de lo que harían ante la
respuesta que sobrevendría a una acción de este tipo.
He aquí las barajas que hay sobre las mesas negociadoras de
Viena. Rusia y China concuerdan con las
posiciones de Irán. Del otro lado, las
tendencias son más contradictorias.
Como dijimos al inicio, hemos visto el comienzo de estas
negociaciones. Esperemos que la cordura y la defensa de la paz guíen sus
resoluciones finales.
7/12/21
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