Quizás lo más concreto que deja la
recién concluida cumbre sobre el cambio climático, que se efectuó en Glasgow,
Escocia, es haber puesto el tema, es
decir, el angustioso tema del cambio climático una vez más en la primera plana
de los medios informativos del mundo durante toda una semana.
Esto, que parece poco para las
dimensiones del asunto, no lo es. Los
negacionistas, conscientes o interesados en contrarrestar los efectos de los contaminantes
presentes hoy en el planeta, prefieren la ignorancia pública de las causas de
grandes incendios sin fin o de brutales variaciones en el clima. Los intereses que están en juego son
poderosos, y solo el apremio de la opinión pública obligará a adoptar las
medidas que hacen falta tomar de inmediato.
De eso han sido muestra las
infinitas sesiones de la conferencia.
Al final se ha llegado a un acuerdo
que, en criterio general, es tímido.
Pero parece que es lo más que se podía lograr como consenso entre sus
más de 200 participantes, y cuyo principal logro es, además de un grupo de
compromisos muchas veces sin fecha, la mención por primera vez de lo que hasta
ahora había sido el elefante en la habitación de estas discusiones: el carbón.
El uso carbón es, de una parte, el
mayor contaminante de la atmósfera. De
otra, es un combustible decisivo en la producción energética de grandes países
como Estados Unidos y, sobre todo, de economías que han emergido a toda
velocidad, como la China o como la del segundo país más poblado del mundo, la
India.
Fueron justamente estos dos países
los que obligaron a atenuar los términos en que se redactaron los compromisos
que figuran en la declaración final: el referido
a la eliminación del uso del carbón apareció, por presión india y respaldo chino,
como reducción. Lo que equivale al
anuncio de que ambos países se tomarán con calma la disminución de este
elemento en sus economías.
No es difícil encontrar la
explicación. Aunque aun lejanamente, la
India sigue la ruta de desarrollo que trazó China, la cual, en el 2008, por
ejemplo, fue responsable del 22,5% de las emisiones mundiales de dióxido de
carbono. En aquel momento, el carbón nutría un 70% de las necesidades
energéticas chinas. En ese instante, el gigante asiático consumía cerca de la
mitad del carbón mundial.
Es un dato de doble significación:
la responsabilidad en el comportamiento del cambio climático, pero al mismo
tiempo la necesidad de este combustible, de extracción localizada en su propio
suelo, para impulsar el vertiginoso crecimiento de su economía.
Es el espejo en que se mira hoy la
India.
Pero también debe preocuparle la
situación actual. Hoy China atraviesa una seria crisis energética, entre cuyas
causas aparece la política sostenida por la dirección política de ese país, de
disminuir progresivamente los perniciosos efectos que las emisiones de carbono
se originan en el funcionamiento de su economía.
Estos datos explican las reservas
indias, chinas y de otros países en contraer costosos compromisos sobre la
eliminación del uso del carbón.
No está de más añadir que en
Estados Unidos el tema ha tenido repercusiones muy sensibles en su
política. La minería del carbón y su
sustitución por otras fuentes energéticas transformó la economía de regiones
enteras que vivían de esa actividad.
Empobrecidas en corto tiempo, escucharon la demagogia de Donald Trump
como música para sus oídos, y le otorgaron una cantidad estimable de votos en
el 2020.
Después de haber disminuido
sensiblemente la extracción y el uso del carbón, las demandas energéticas
actuales y la asignación, dentro del voluminoso paquete de infraestructuras
aprobado a instancias de la administración actual, de 11,3 mil millones para
recuperar las minas de carbón abandonadas antes de 1977.
Todo esto ayuda a entender los términos
en que el asunto quedó en el acuerdo final de la cumbre de Glasgow, que afirma
la necesidad de actualizar a más tardar el año entrante metas concretas de
reducción de carbono para 2030, y llama a reducir gradualmente, y esto es
textual, “el uso del carbón como fuente de energía y los subsidios los
combustibles fósiles ineficientes”.
Más la frase "eliminación
progresiva" en sustitución de "reducción progresiva”, sin mecanismos
para atrapar y almacenar el carbón en el ambiente.
Buenas noticias para los
negociadores indios, pésima para los representantes de los estados insulares,
amenazados en algunos casos de desaparición si no se contiene el aumento del
nivel de los océanos por efecto del cambio climático.
2.
Un hecho positivo muy publicitado
fue el acuerdo entre China y Estados Unidos, las dos mayores economías del
mundo, para colaborar en la disminución de las amenazas al clima del planeta.
Los dos países se comprometieron a cooperar
en los próximos diez años, entre otras cosas, en la disminución de las
emisiones de gas metano, en la transición a una energía limpia y en la
descarbonización.
Aunque el acuerdo no ofrece
precisiones, dice que ambos países trabajarán de conjunto para limitar a un
máximo de 1,5 grados el aumento de la temperatura mundial.
Si bien la declaración fue acogida
positivamente, hubo señalamientos generalizados hacia su falta de concreción
más allá de la declaración de intenciones. Para la directora ejecutiva de la
conocida organización Greenpeace, “la declaración se queda corta al pedido de
los países vulnerables al clima, que exigen que las naciones regresen a la mesa
todos los años con mayores ambiciones hasta que la brecha de los 1,5 C se
alcance", dijo.
Si bien el tema del carbón fue
dominante en la Conferencia, también se trazaron algunas direcciones positivas
que mejoran la imagen de esta gran reunión mundial.
En el caso de la deforestación,
cien países que albergan el 85% de los bosques del mundo, se comprometieron a
detener la tala indiscriminada de sus árboles, que pueden absorber grandes cantidades de dióxido de carbono
(CO2), uno de los gases clave de efecto invernadero que contribuye al
calentamiento global.
Otro factor de importancia, la emisión
a la atmósfera de gas metano, fue objeto de un acuerdo entre cien países
implicados, en un programa que se propone reducir en un 39% las actuales
emisiones del gas para 2030.
El metano es uno de los causantes más
fuertes del efecto invernadero, y es responsable de la tercera parte del
calentamiento global.
El metano proviene principalmente
de los vertederos, del sector ganadero y del sector energético, pero la
reducción afectará principalmente a este último ya que presenta "más
potencial de reducción" según Úrsula Von der Leyen. presidenta de la
Comisión Europea: "Reducir las emisiones de metano es una de las medidas
más eficaces que podemos tomar para reducir el calentamiento global a corto
plazo y mantener el grado y medio. Es la cuestión más fácil de conseguir".
Los expertos estiman que permitirá,
entre otras cuestiones, limitar el aumento de las temperaturas en 0,2 ºC a
mitad de siglo, evitar 200.000 muertes prematuras y perder 20 millones de
toneladas de cosechas al año
Estas metas y otras son costosas y no
todas pueden ser asumidas solamente por los estados. De ahí la importancia de la participación en
Glasgow de unas 450 organizaciones financieras casi todas privadas, que
controlan un capital total de 130 billones, es decir, millones de millones de
dólares, y que acordaron respaldar la tecnología “limpia”, renovable y ajena a
los combustibles fósiles.
No obstante, algunas organizaciones
defensoras del clima recordaron que, sin más precisiones y sin liquidar el
financiamiento de los combustibles fósiles, esta iniciativa es simplemente un
ejercicio de relaciones públicas.
En resumen, la Cumbre recién
finalizada ofrece una perspectiva significativa, cuyos acuerdos marcan el
límite que objetivamente podía alcanzarse en una reunión tan prolongada y con
ausencias significativas. Muchos dudan de
su utilidad, contrastando lo alcanzado con las promesas hechas durante las 25
reuniones similares precedentes.
Pero es mejor que existan a que no
existan. En cada una se trazaron metas
más ambiciosas que en la anterior. Es una
larga carrera contra el tiempo. Pero una
carrera lamentablemente más lenta que la que a su vez corren, desenfrenados, los factores que amenazan al clima en que
vivimos los seres humanos.
16/11/21
Comentarios
Publicar un comentario