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Vivir con menos agua

 

El río Jordán recorre un largo camino desde el lago Tiberiades hasta desembocar en el Mar Muerto.  En los tiempos bíblicos debe haber sido un río caudaloso, que atravesaba impetuosamente su curso e irrigaba miles de hectáreas contiguas.

De ser así, es probable que el bautismo de Jesús no se haya producido, como lo pintan las ilustraciones, en una de sus orillas, sino en las pocetas cercanas que, alimentadas por las propias aguas subterráneas del Jordán, servían y sirven aún hoy para bautizar a los creyentes.  En una de las márgenes del río, en territorio jordano, en el lugar conocido como el sitio del bautismo, están, secas ya, las pocetas que se asegura utilizaba con ese fin el profeta Elías.

El Jordán hoy es un río estrecho y de aguas dormidas de color verde oscuro y, como marca frontera entre Jordania e Israel, está severamente custodiado a un lado y otro.  Si usted desea lavarse en las aguas del Jordán debe hacerlo en compañía de un oficial de las fuerzas de seguridad jordanas.

La razón es muy simple.  La población, los terrenos y las instalaciones que se sirven de las aguas del río sagrado son enormes en comparación con los tiempos bíblicos.  No es por acaso que los israelíes les hayan “regalado” a los palestinos Gaza, que no tiene recursos hídricos, y sin embargo enreden y dilaten las negociaciones sobre la pertenencia de Cisjordania al pueblo palestino y ambicionen su anexión.

Un día podremos ver desaparecer las guerras por el petróleo  --y de paso, el petróleo mismo—y sin embargo asistir a otras contiendas más enconadas, esta vez por el agua. 

No falta el agua potable en el planeta.  Pero su distribución es irregular, suele estar contaminada y, pese a su carácter estratégico, el ser humano no ha acertado a gestionarla de acuerdo con su imprescindible valor para la vida.

Se dice que una zona tiene estrés hídrico cuando su suministro anual cae por debajo de mil 700 metros cúbicos por persona; que cuando cae por debajo de mil hay en ella escasez de agua, y que cuando la tasa es menor de 500 metros cúbicos, existe escasez absoluta.

Hoy, cerca de 700 millones de personas en 43 países sufren escasez de agua, y se estima que en 2025, es decir, en una docena de años más, mil 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta y dos terceras partes de la población del planeta vivirá en condiciones de estrés hídrico.

De hecho, la escasez de agua constituye uno de los principales retos del siglo actual. En el pasado siglo XX, el uso y el consumo de agua creció a un ritmo dos veces superior al de la población.

2.

Una de cada ocho personas en el continente latinoamericano, dicen las estadísticas,  carece de acceso a agua potable limpia, es decir, más de 77 millones de personas.  Esto las incluye en la sombría proyección que hacen las Naciones Unidas para los próximos 15 años, cuando más de dos terceras partes de la población global encararán  una importante escasez de agua.

De manera paradójica, América Latina enfrenta problemas similares a otros países del mundo con escasez crónica de agua, a pesar de que el volumen de las lluvias que caen en el continente es el mayor del mundo. Adicionalmente, menos del 20 por ciento de sus habitantes tienen acceso a sistemas adecuados de purificación del líquido.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) intentó una respuesta: la escasez global del agua tiene su origen en la gestión gubernamental, en la pobreza y en la desigualdad, y no en la existencia de fuentes acuíferas suficientes. Si América Latina tiene una de las mayores desigualdades de los ingresos en el mundo, el acceso al agua en la región presenta los mismos contrastes.

Blanca Jiménez Cisneros, directora de la División de Ciencias del Agua de la UNESCO, presente en la Cumbre del Agua en Budapest, celebrada hace ya varios años, otro dato que se mantiene dentro de los mismos parámetros: sólo el 10 por ciento de las aguas residuales de las ciudades en Latinoamérica son convenientemente tratadas, un problema sanitario que requiere una inversión de 33.000 millones de dólares anuales para ser resuelto.

"El principal reto que tenemos ahora es el problema del saneamiento.  Es relativamente alto el porcentaje (80 por ciento) de las casas que tienen drenaje, pero muchas veces estos terminan en un lago o río, sin tratamiento, o simplemente detrás de la casa, sólo se quiere sacar del inmueble", explica.

En declaraciones a la agencia española EFE, la especialista consideró que “esta situación es especialmente grave si se tiene en cuenta que el 80 por ciento de la población de la región vive en las ciudades”.

Otro experto en el tema, Jorge Ducci, ofrece cifras mayores sobre la envergadura del esfuerzo a realizar: “Serían necesarios 50 mil millones de dólares solamente para ofrecer cobertura de acceso al agua.  Aquí no incluimos el tratamiento del agua, sino el desarrollo de los sistemas actuales, que en muchos países son obsoletos y tienen numerosos fallos y roturas de las tuberías de transporte”.

“El saneamiento es lo más atrasado, especialmente los alcantarillados y los sistemas sanitarios en las áreas peri urbanas”, añadió Ducci.

Solo al  corto plazo, añade, América Latina necesita invertir 3 mil millones en acceso al agua y 10 mil en servicios de saneamiento para alcanzar la meta prevista por Naciones Unidas para el milenio, para disminuir en el 2015 la proporción de la población sin acceso sostenible a agua potable y a saneamiento básico.

Los pobres, dicen otros estudios, llevan la peor parte en los problemas asociados con la contaminación y la escasez, y, afirman, los pobres pagan más por el agua limpia, utilizan más tiempo y esfuerzo para recoger el agua, y son más propensos a sufrir problemas de salud por la contaminación de las aguas.

El informe del PNUD añade: “Los pobres, que sufren lo peor de la crisis del agua y de su higiene  --gente pobre en general y mujeres pobres en particular—carecen a menudo de la voz política necesaria para que se escuchen sus reclamos por el agua”.

Los promotores de campañas por el acceso al agua consideran que considerar el acceso al agua como un derecho humano no es suficiente. 

Claudia Campero, una activista mexicana citada por el sitio water.org, dice que “hay muchas cosas escritas en la Constitución mexicana que no se cumplen en la vida cotidiana”. Hacer campañas por una reforma constitucional sobre el agua no es el único objetivo.  “Sería una manera de fortalecer el movimiento por el agua en México, y de unir otras luchas alrededor de este tema común.  Si no estamos de acuerdo en la importancia del acceso al agua, entonces, ¿en qué estaríamos de acuerdo?”

Activistas en diferentes países de América Latina esperan que organizándose convenientemente, lograrán impulsar proyectos que protejan y preserven los recursos hídricos para las generaciones futuras.  El movimiento incluye a agrupaciones feministas, a sindicatos industriales y a organizaciones ecologistas.

La conciencia sobre los problemas que se plantean hoy a la humanidad y en particular a los países de nuestro continente sobre el acceso de la población a fuentes de agua potable y a los problemas de higiene derivados de las facilidades de alcantarillado y de tratamiento de aguas negras, es claramente insuficiente. 

A pesar de que, sin lugar a duda, será uno de los problemas mayores y vitales que enfrentarán las próximas generaciones para hacer realmente sostenible  --vivible--  la existencia humana.

 8/9/21

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