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Donald Trump en la mirada de Medea Benjamin

 

Que el año 2021 no va a ser bien recordado para quienes sufren las secuelas que la pandemia provocó en sus vidas, o en las de otras personas, o en toda la sociedad, no hay duda alguna.  Como también se recordará con agradecimiento a quienes se expusieron en las investigaciones y en la asistencia de salud y que han impedido que la enfermedad cobre más vidas. Y que, gracias a las vacunas, estemos en capacidad de reducir su impacto más letal.

Peor fue el 2020, cuando el sarscov-2 nos estalló en las manos sin previa preparación ni conocimiento. Así ha sido en todo el mundo.

Y si bien en todo el mundo hemos visto el incomprensible rechazo de una parte de la ciudadanía a aceptar la vacunación – por suerte no es el caso cubano -, en Estados Unidos esta actitud se unió al nefasto nombre de Donald Trump y de sus seguidores.  La gran mayoría de los negacionistas de la protección vacunal son republicanos.

Medea Benjamin es una conocida y muy activa militante de varios de los más importantes movimientos progresistas de Estados Unidos. Fue fundadora y activista de la organización Code Pink, creada en el gobierno de George W. Bush, abogando por la paz y no por la guerra para la solución de conflictos internacionales.

Y así, vemos su nombre en decenas de otras organizaciones preocupadas por el respeto a los verdaderos derechos humanos en el mundo, en defensa de las mujeres, y de otras causas nobles de las muchas que es necesario defender en su país y en el mundo.  Y por supuesto, ha sido distinguida con numerosas condecoraciones y fue candidata al premio Nobel de la Paz.

Esta mujer de aspecto frágil es además una ferviente defensora de la Revolución cubana.  En plena pandemia, organizó el envío masivo a nuestra isla de jeringuillas para la administración de las vacunas cubanas.

Por eso me ha llamado la atención que Medea, que califica al año que acaba de transcurrir como “desastroso”, haya hecho una recopilación de las cosas buenas que ocurrieron ese año, en especial para los estadounidenses.

A su recopilación he agregado otras mías o he abundado en las de ellas.  He aquí el resultado.

En primer lugar, lograron quitarse de encima, al menos provisionalmente, a Donald Trump y lo que le acompañaba.  No fue fácil, y ella recuerda como un éxito la derrota de la última acción trumpista:  el asalto por las turbas neofascistas al Capitolio en Washington.

Dice: “Con los participantes en la insurrección acusados y algunos enfrentando un tiempo significativo en la cárcel, los nuevos esfuerzos para movilizarse a su favor, incluida la manifestación "Justicia para J6" de septiembre, han fracasado también”.

Trump perdió el poder, perdió su principal portavoz, Twitter y no ha logrado armar la red social rival que anunció. QAnon, la organización fascista que le respaldaba hasta la violencia, está prácticamente desaparecida y Twitter le cerró unas 70 mil cuentas.

En segundo lugar, el entorno latinoamericano está dando, otra vez, un viraje hacia la izquierda.  Multidiversa y en progreso todavía. A la proa que siguen siendo Cuba, Venezuela y Nicaragua, además del México de López Obrador, se suman gobiernos con características y límites diferentes, pero de signo positivo, en Perú, Honduras, Chile y Bolivia. Y hay fuertes indicios de que Lula podría ser electo nuevamente como presidente de Brasil en los próximos comicios.

Cita como otro hecho positivo, que como el primero es la respuesta a uno muy negativo, y es la respuesta judicial a casos de abusos por las autoridades policiales en Estados Unidos de miembros de las minorías. Dice: “El ex oficial de policía Derek Chauvin fue declarado culpable de los 3 cargos relacionados con el asesinato de George Floyd y se ha declarado culpable en la versión federal de derechos civiles del caso. Los tres hombres de Georgia que mataron a Ahmaud Arbery por el falso delito de salir a correr, como simple ejercicio físico, también fueron condenados”, cita, entre otros elementos de parecida índole, pese a encontrar fuerte resistencia por parte de sectores retrógrados de la sociedad estadounidense.

Y por supuesto, la retirada de las tropas de Afganistán, luego de casi veinte años de grandes pérdidas, norteamericanas y sobre todo afganas, en una guerra sin sentido, que solo sirvió para enriquecer a la industria de armamentos de Estados Unidos y para usurpar la soberanía de ese país centro asiático. 

En materia de salud, aunque el enfrentamiento al proteico virus pandémico no cesa, como dijimos, Medea Benjamín recuerda buenas noticias que se han divulgado muy poco: “La malaria, que mata a medio millón de personas al año, principalmente en África, podría ser vencida gracias a una vacuna innovadora, la primera para una enfermedad parasitaria. En el frente del VIH, una nueva vacuna ha mostrado una tasa de respuesta del 97% en los ensayos clínicos de Fase I. Casi 40 millones de personas vivían con el VIH en 2020, y cientos de miles de personas mueren de enfermedades relacionadas con el SIDA cada año. Si bien la vacuna aún se encuentra en ensayos de Fase I, es una señal extremadamente esperanzadora para 2022.”

 

 

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En esta recopilación de hechos positivos del pasado año que nos presenta Medea Benjamín, quien  por cierto visitó Cuba en  2015 con una delegación que se manifestó por el cierre de la cárcel yanqui en la base de Guantánamo, aparecen temas no tratados con frecuencia, y son el rostro favorable que arroja alguna esperanza sobre aspectos francamente preocupantes.

Es el caso del Tratado de las Naciones Unidas sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, adoptado en 2017, el cual entró en vigor este año tras cumplir con el requisito de que sea ratificado por al menos 50 países (hay ya 86 signatarios). Pero ocurre que Estados Unidos y otras potencias nucleares del mundo no han firmado el tratado y este no tiene ningún mecanismo de aplicación. El consuelo es que, por primera vez en la historia, las armas nucleares son ilegales según el derecho internacional.

E incluimos otro hecho, del que hemos hablado aquí en otra coyuntura. Biden comenzó su mandato reingresando a los Acuerdos Climáticos de París y luego la reunión de la COP26 puso de relieve la necesidad urgente de acelerar la acción ambiental, con activistas ambientales de todo el mundo presionando a sus propios gobiernos para que den un paso adelante. Unas 44 naciones están ahora comprometidas a poner fin al uso del carbón, y los países del G7 prometieron no financiar más las plantas de carbón.

El regreso de Estados Unidos al acuerdo de París es, naturalmente, elogiable y de suma importancia.  Siempre y cuando se implemente y se mantenga, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones presidenciales en el 2024.  Ahí, diría un conocido personaje, está el detalle. En su campaña del 2016 Trump hizo de la defensa del carbón un tema central, para ganar el voto de los trabajadores y las comunidades asociadas a su minería. Conocemos su desempeño posterior contra la defensa del medio ambiente.

En Estados Unidos, nos informa la activista estadounidense, y gracias a la lucha ambiental sostenida, los oleoductos Keystone XL y PennEast fueron cancelados oficialmente y la administración Biden rechazó la perforación de petróleo y gas en tierras federales. Las instalaciones de energía renovable están en su punto más alto y se planean parques eólicos a lo largo de toda la costa de los Estados Unidos. China, a su vez, está construyendo la instalación de energía más grande de la historia, la friolera de 100 gigavatios de energía eólica y solar (igual a toda la capacidad, hoy, de la energía solar de los Estados Unidos), y planea plantar un área de bosque del tamaño de Bélgica cada año.

Medea Benjamín finaliza con algunos de sus deseos para este 2022 que acaba de comenzar, entre ellos, que este año venzamos definitivamente la COVID; que se detenga la escandalosa legislación para la supresión de votantes que se ha ido aprobando en varios estados de su país, en beneficio de los sectores más retrógrados; que se incremente la movilización contra la extrema derecha y contra el regreso de Trump o de lo que llama un Trump-lite. Y que se recorte el escandaloso presupuesto del Pentágono para invertir en la salud de su gente y de nuestro planeta.

A lo que yo añadiría que la política exterior de Estados Unidos, en varios e importantes temas, deje definitivamente atrás la ignominiosa era Trump, en temas tan necesarios como los acuerdos con Irán o la nueva guerra fría con China y con Rusia, y que, por supuesto, desarme el criminal entramado de medidas que han reforzado hasta límites históricos el bloqueo contra Cuba.

Ojalá podamos compartir el optimismo, cierto que realista, de la luchadora norteamericana cuando concluye que, si algo se logró en un año tan malo como el 2021, mejores cosas se podrán alcanzar en el 2022.

 

 

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