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Los números de Trump, hoy

 


Hace ya algunas semanas presentamos los criterios del conocido periodista norteamericano Bill Maher sobre lo que sería la conducta de Donald Tremp ante lo que pudiera ser una nueva elección presidencial en 2024.

Y es que efectivamente, aunque contra lo que falsamente ha alegado, Trump perdió aquellas elecciones contra Joe Biden, obtuvo una votación record para un contendiente perdedor en una elección norteamericana, más de 74 millones de votos.  Su fuerza en un partido republicano que durante su ejercicio había logrado hacerlo a su imagen y semejanza, hacía que ninguna otra voz se atreviera a disputarle la supremacía en unas nuevas elecciones presidenciales.

Trump, aunque con un perfil menor, ha continuado dando mítines en varios estados, donde ha reiterado sus posiciones tradicionales, en el mismo tono de campaña que le es habitual, ha arremetido contra el trabajo de Joe Biden y ha abordado los temas de la realidad nacional.  Y por supuesto, ha reiterado sus viejos y falsos alegatos contra los resultados de las elecciones del 2020.

La Associated Press refiere que Trump se reunió con sus principales asesores en Florida esta semana mientras traza una estrategia que podría servir como trampolín para futuros esfuerzos. El sábado se aprestaba a encabezar otro mitin estilo campaña en Texas antes de las elecciones estatales del 1 de marzo que dan inicio formal a la temporada de primarias de medio mandato.

En entrevistas y apariciones, dice el despacho de AP, principalmente en medios de comunicación de derecha, Trump se jacta a menudo de su historial de respaldo, y promete recompensar a los candidatos que le aseguren lealtad a su visión del partido y que repitan como loros sus mentiras electorales.

Esto ha sido lo visible.  En tono menos público, el partido republicano, o por lo menos una inmensa mayoría de quienes aprueban a Trump, se ha aprovechado de ventajas coyunturales para ir cambiando el panorama en que se efectuarían las próximas presidenciales.

Varios estados de dominio republicano han regulado el sistema electoral local con coyundas que impiden el derecho al voto sectores de la población o las prácticas más generalizadas entre los demócratas.  Son restricciones que operan a favor de los republicanos.

Igualmente está en marcha un plan para renovar los secretarios de estado estaduales, que son los que llevan en la práctica la conducción y la certificación de los procesos electorales en el ámbito de cada estado.

Pero cuatro años son muchos años en política.  Y la presidencia de Estados Unidos es demasiado ambicionada para que poco a poco, de forma discreta, vayan surgiendo otros aspirantes, con resultados hasta ahora interesantes.

Y así, hemos visto a algunos, como el ex vicepresidente Mike Pence y el exsecretario de Estado Mike Pompeo, pronunciando discursos y viajando a estados clave, con que señalan que están sopesando seriamente hacer campaña. Pence, en particular, luego de haber sido apabullado por Trump por negarse a obedecer su deseo de que frustrara la reunión donde se certificaba oficialmente la candidatura de Biden.

El gobernador de Florida, Ron De Santis, también es visto como otro contendiente para la nominación presidencial republicana y llamó la atención recientemente cuando dijo que uno de sus mayores arrepentimientos como gobernador fue no haber replicado cuando Trump instó a los estadounidenses a quedarse en casa en los primeros días de la pandemia de COVID para detener la propagación del virus. De Sanctis, un hombre de franca derecha, pero de indudable carisma, se está convirtiendo en una sombra cada vez más ensombrecerla de los proyectos electorales de Trump.

Las primeras encuestas lo certifican.

En una de ellas, realizada por la Marquette Law School, el presidente Biden, si las elecciones fueran hoy, gozaría de un apoyo de un 43 por ciento por parte de una muestra de adultos de todo el país, frente a un 33 por ciento que votaría por Trump.

Y curiosamente, su ventaja frene a De Sanctis sería ligeramente menor, un 41 por ciento para Biden y un 33 para De Sanctis.

Y otros resultados apuntan contra lo que parecía una verdad indiscutible: Solo el 29 por ciento de los encuestados dijo que quiere ver a Trump postularse para presidente nuevamente en 2024, mientras que el 71 por ciento dijo que no quería verlo buscar un segundo mandato. De ser así, su hegemonía entre los republicanos podría estar amenazada. Pero al menos hoy, no vencida.

Otra encuesta, esta vez de Harvard CAPS-Harris Poll encontró que, en una hipotética primaria republicana de ocho personas, Trump obtuvo un 57 por ciento de apoyo, seguido por De Santis con un 11 por ciento y el ex vicepresidente Mike Pence con un 11 por ciento. Ningún otro candidato en la encuesta obtuvo un apoyo de dos dígitos.

Pero ciertamente el peligro mayor para la candidatura de Trump no son sus posibles contendientes. El expresidente está envuelto hoy en una verdadera vorágine judicial por los motivos más diversos y, aunque acostumbrado a las reclamaciones, las querellas y hasta los impeachments, se ve como difícil que pueda salir airoso de tantas causas simultáneas.

Es incluso imposible en un comentario como este citarlas todas.

Los jueces del estado de Georgia aprobaron una solicitud de un jurado especial presentada por el fiscal del condado de Fulton, que ha estado investigando si Trump y otros infringieron la ley al tratar de presionar a las autoridades estatales para que desestimaran la victoria del presidente Joe Biden en las elecciones de 2020. Se trata de la famosa llamada al secretario de estado pidiéndole que le encontrara unos cuantos miles de votos más, que le permitieran ganar el estado. 

En Nueva York, la fiscal general del estado, Letitia James, afirmó en una presentación judicial que descubrió pruebas de que una compañía de Trump usó valuaciones fraudulentas o engañosas de sus palos de golf, rascacielos y otras propiedades a fin de obtener préstamos y beneficios fiscales. Sus abogados admitieron que la compañía sobreestimó el valor de las donaciones de terrenos realizadas en Nueva York y California en los documentos presentados al Departamento del Tesoro.  Hasta el tamaño del penthouse de Trump en sus torres de New York fue falseado.

La Fiscalía de Distrito en Manhattan también ha estado trabajando con la oficina de James en una investigación penal paralela, que resultó en cargos el verano pasado contra la compañía de Trump, la Trump Organization, y su jefe de finanzas, Allen Weisselberg.

En Washington, la comisión que investiga el asalto al capitolio del 6 de enero entrevistó a cientos de testigos, emitió decenas de citaciones y obtuvo decenas de miles de páginas de registros, incluidos mensajes de texto, correos electrónicos y registros telefónicos de personas cercanas a Trump, así como miles de páginas de récords de la Casa Blanca que Trump luchó por ocultar de la vista del público. 

Un alto funcionario del Departamento de Justicia dijo días atrás que los fiscales están investigando certificados falsos enviados a los Archivos Nacionales con listas inventadas de electores que declararon erróneamente a Trump ganador en siete estados que en realidad perdió, como parte de una campaña desesperada para subvertir la voluntad de los votantes.

David Weinstein, ex fiscal federal en Miami acotó que lo que Trump enfrenta ahora, particularmente en Georgia y Washington, es más significativo, porque eso conlleva la exposición potencial a un castigo penal. Si pueden probar la intención, el conocimiento, la participación en un complot en curso, afirmó, eso es una posible exposición penal, algo que nunca antes había enfrentado.

El listado es muy largo.  He contado doce o trece personas o instituciones con causas pendientes vinculadas al propio Trump.

Por supuesto que, al menos públicamente, Trump sigue desestimando estos procesos como “cacería de brujas”.  Y aunque en menor cantidad, los republicanos lo respaldan.

El escenario político en Estados Unidos ha cambiado drásticamente y para peor, con Donald Trump.  Si en algún momento se pudo decir que los dos partidos mayoritarios eran en realidad uno solo, hoy la barrera entre demócratas y republicanos es, como hemos dicho otras veces, de carácter tribal.

Y si hasta hoy, con un refuerzo propagandístico considerable, Estados Unidos intentaba exhibirse ante el mundo como el paradigma democrático a seguir, y a exportar, hoy el mundo lo ve de otro modo.

En un artículo reciente en la revista Foreign Affairs, Steven Levitsky y Lucan Way nos dicen:

“Aunque la democracia estadounidense sobrevivió a la presidencia de Trump, fue gravemente herida por ella. A la luz del atroz abuso de poder de Trump, su intento de robar las elecciones de 2020 y bloquear una transición pacífica, y los esfuerzos en curso a nivel estatal para restringir el acceso a la boleta electoral, los índices de democracia global han rebajado sustancialmente la calificación de  los Estados Unidos desde 2016.   Hoy, el puntaje de los Estados Unidos en el Índice de Libertad Global de Freedom House está a la par con Panamá y Rumania, y por debajo de Argentina, Lituania y Mongolia.”












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