Para cualquiera de nosotros la distancia entre Asia y Europa es, a primera vista, extraordinaria. El vuelo de Beijing a Paris, por ejemplo, puede tomar catorce horas sin escala. Cuando pensamos en los mongoles, admiramos el largo camino que llevó a Atila hasta las puertas de Roma. Sin embargo, ninguno de estos razonamientos funciona cuando nos referimos a Turquía. Hace pocos días se inauguró el nuevo puente “1915 Çanakkale”, único viaducto colgante en el mundo con un vano central, es decir, sin pilotes ni columnas, de 2,023 metros de largo, la mayor extensión del mundo en una construcción de este tipo. El puente en sí mismo tiene 4,6 kilómetros de extensión y sus torres son tan altas como el edificio Chrysler, de New York y transitarlo será cubrir la distancia entre la Turquía asiática y la Turquía europea solo por algo más de 12 euros que costará el peaje. De tal modo, junto a los otros puentes que más al norte cruzan desde la mítica ciudad de Estamb...
En los días finales del gobierno de George W Bush, Bill Clinton llamaba la atención, en una conferencia, sobre el creciente papel que en todos los órdenes estaba desempeñando ya China y la necesidad de que Estados Unidos se preparara para un nuevo escenario, no solo económico, sino político. Poco después, otra noticia informaba que la entonces secretaria de Estado, Condoleezza Rice, había orientado redistribuir el personal diplomático estadounidense para fortalecer el área asiática. Quince años después, he leído declaraciones similares de portavoces de las relaciones exteriores de Estados Unidos. Mientras tanto, China es la constatación de que un nuevo orden -creo que por ahora bipolar- está hace rato entre nosotros. (No me arriesgo a llamarlo multipolar, porque realmente hay todavía una gran distancia, difícil de cubrir en poco tiempo, entre esos dos grandes colosos, y el resto de las potencias que le siguen.) Tal como se ha puesto en evidencia durante la guerra en Ucrania. ...