Cada año, una buena parte de los estadounidenses se estremecen mientras congresistas y altos ejecutivos dialogan y establecen compromisos a la luz de una fecha muy temida: el límite para la aprobación de los presupuestos que permiten al gobierno financiarse y por lo tanto seguir funcionando. Supuestamente, de no lograr acuerdo, las oficinas públicas no podrían abrir ni sus funcionarios recibir su salario. A última hora, compromisos y componendas mediante, se produce el milagro. Se aprueba la partida presupuestaria y la vida regresa a la normalidad, hasta el vencimiento de esa aprobación y el comienzo de otro momento de tensión. Es un presupuesto enorme, de casi 5 billones, es decir, cinco millones de millones, que se aprueba por partes. Por lo tanto, hay muchos intereses que conciliar y, en algunos casos, muchas oportunidades para condicionar, vulgo chantajear, un voto. Pero milagrosamente, hay una partida crucial, en torno a la cual se cruzan los inter...
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